DONNA CRUZ
—¡No! ¡Suéltame! —grité mientras pataleaba recostada en la cama con las manos atadas a mi espalda. Jerry intentaba sujetarme, pero empezaba a frustrarse—. ¡No! ¡No me toques!
Como resultado recibí una bofetada que me hizo torcer el rostro. Fue tan fuerte que mi labio se abrió y por un momento todo se puso oscuro y después solo vi estrellitas, incluso me percaté de un zumbido en mis oídos, hasta que sentí el peso de Jerry sobre mí.
Había subido lentamente, pasando entre mis piernas,