SLOANE D’MARCO
Solté un quejido de dolor y lleno de desesperación. El dolor me paralizaba, no podía huir y no me sentía capaz de proteger a mis hijos. Comencé a llorar y mi labio inferior temblaba mientras mis ojos buscaban a alguien que me pudiera auxiliar, pero de pronto me sentí rodeada de enemigos.
Cerré los ojos con todas mis fuerzas cuando escuché que el doctor me llevaría a la sala de partos.
—¿Desea estar durante el nacimiento? —preguntó el doctor de manera gentil hacia Jonathan.
—Na