CRISTINE FERRERA
—¡Sloane! —volví a gritar con todas mis fuerzas hasta que mis cuerdas bucales se desgarraron. Los policías alrededor veían con incomodidad, pero sin hacer nada. Uno de ellos se acercó con paso desganado.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó casi en un susurro.
—¡Es lo mismo que yo quisiera saber! ¡¿Qué está pasando?! ¡Se llevan a una mujer y ustedes no hacen nada! —grité furiosa con el corazón acelerado.
—La mujer venía con el hombre… no hay ningún problema —respondió uno de lo