JIMENA RANGEL
Otro disparo se escuchó causando eco dentro del despacho. Me encogí de hombros, temiendo que hubiera impactado en mí, pero no le di importancia.
—¡Tía Jimena! —exclamó Gerardo con los ojos llenos de lágrimas y todos empezaron a llorar. Leonardo fue quien, lleno de valor, corrió hacia el mueble que estaba a mi lado, Mario lo segundó y lo empujaron contra la puerta. Con dificultad lo apoyé contra el pomo. Retrocedí adolorida, la sangre caía de mi herida y escurría por mi pierna, er