JIMENA RANGEL
Tragué saliva y regresé a la regla número uno. Si no tenía que tocar nada ni sentarme en ningún lugar, mucho menos beber o comer algo. Sonreí incómoda.
—Gracias, pero no es necesario, solo revise los papeles y comuníquese conmigo en caso de que tenga alguna duda. A decir verdad, lo mejor será que se comuniquen sus abogados —agregué extendiendo mi tarjeta hacia él. Prefería mil veces comunicarme con esos demonios que con él, pero era como si mis pies estuvieran clavados al piso y