CRISTINE FERRERA
Decir que las cosas acabaron tan fácilmente sería mentir. Esa noche encendimos la chimenea, pedimos comida y en vez de vino tomamos jugo de uva, era demasiado pronto para la primera borrachera del bebé que cargaba en mi vientre.
Con copas llenas de jugo y con el crepitar de la madera siendo consumida por el fuego, hablamos hasta que nuestras gargantas se secaron. Fue como abrir el caño y sacar toda la podredumbre que guardábamos en nuestros corazones desde que aceptamos casar