CRISTINE FERRERA
Me estacioné frente a esa vieja casa y me quedé por unos minutos viéndola desde el interior del auto. La última vez que la había visitado me encontré a Ivette dentro. Esa maldita mujer, ¡y pensar que sería el menor de mis problemas!
Caminé hacia la entrada, pasando entre el jardín descuidado, con maleza que llegaba hasta la rodilla. Cuando giré el pomo, noté que la puerta estaba bajo llave. Me sentí tentada a tocar un par de veces, arriesgándome a que Eliot no estuviera dentro