CRISTINE FERRERA
—Finn… el abogado irlandés, al que llaman «el abogado del diablo» —dijo Donna entornando los ojos con desconfianza y una sonrisa maliciosa—. Dime, ¿aún sigues en malos pasos, defendiendo a tu hermano y sus negocios ilícitos en su casino de mala muerte?
La mandíbula se me quiso desencajar. Supuse que no era la clase de abogado bondadoso que busca defender al indefenso, pero de eso a promover el crimen había un largo trecho. ¿Era buen momento para exigirle explicaciones a Jimena