DONNA CRUZ
De pronto la luz me cegó por breves segundos, era tan blanca que dejó manchones morados pintados en mi retina. El doctor me tomó por las caderas y me subió a la cama que tenía detrás, arrugando el papel que la cubría.
Apretando los ojos constantemente, intenté enfocar la mirada, el hombre caminaba de un lado para otro en silencio, sacando material y poniéndolo en su mesita auxiliar. Cada artefacto era más grande y retorcido que el anterior.
—¿Estás lista para ser examinada? —una vo