DEREK MAGNANI
La tomé por los muslos, haciendo que enroscara sus piernas a mi cadera y la llevé al baño, desgastando nuestros labios con besos necesitados, ansiosos y desesperados. Por largos veinte años me privé de su cuerpo, no podía seguir desperdiciando el tiempo. La deseaba, mi piel ardía impaciente y debajo del agua tibia la tomé una vez más.
Entré lentamente en ella mientras no dejaba de ver su dulce rostro contorsionándose de placer. Sentir sus dedos encajándose en mis hombros mientras