DEREK MAGNANI
—Estabas muy cansado, así que decidimos ir de compras y preparar el desayuno —agregó Sloane con una gran sonrisa.
—Ya sabía yo que no podrían hacer algo así con las sobras de comida que había en el refrigerador —contesté con media sonrisa y negué con la cabeza. Me costaba levantar la mirada, como si temiera que en cualquier momento ambos se esfumaran. No sé si Sloane podía leer mis pensamientos como la psicoterapeuta que era, pero tomó mi mano y la posó en su mejilla, demostrándo