ELIOT MAGNANI
La maestra de Mario había pedido una convivencia entre padres e hijos y aunque los trillizos no tenían esa enmienda por ser nuevos y de otro grado, noté que ver a los otros niños con sus padres los dejó pensativos y confusos.
—¿Papá? ¿Podemos jugar con ellos? —preguntó Mario dedicándome una mirada intensa—. Es que son nuevos y están chiquitos. No tienen amigos y creí que…
—¡Wiii! ¡Nosotros no tenemos papá! —exclamó el pequeño Leonardo tomando la pelota y pateándola con fuerza hac