DEREK MAGNANI
—¿La mano de Berenice? —preguntó Sloane en un hilo de voz.
—Sí, todo cayó por su propio peso. Berenice aceptó la terapia y el señor Magnani quiso hacerse cargo de ella y del bastardo que lleva en su vientre —dijo el hombre con repudio, como si el bebé de Berenice fuera alguna clase de alimaña desagradable—. Es un buen hombre con un gran corazón por acoger a mi hija durante su desgracia.
—Entiendo… mejor de lo que creí o de lo que me gustaría. ¿Para qué recordar si tienes planes