DEREK MAGNANI
Llegué al departamento de Cristine y lo primero que noté fue la ausencia de ruido. En verdad era un silencio incómodo que no correspondía con cuatro niños y el idiota de Luca. Avancé con cautela, como si esperara alguna trampa saltando detrás de cualquier esquina.
Cuando abrí la puerta de la habitación de Cristine escuché el ruido de la ducha y mi mirada se centró en el uniforme de enfermera que colgaba de la puerta del clóset. Entorné los ojos y supe que Carla tenía razón. En la