LUCA MAGNANI
—¡¿Cómo se te ocurre regalarle a mi pequeña un taller mecánico en tan malas condiciones?! ¡Cómo si no fuera posible ser más imbécil, le das un auto viejo y asqueroso para que lo arregle! ¡No es tu sirvienta! —comenzó a gritar furiosa la señora Spoti encarándome como una mamá leona, encajando su índice en mi pecho mientras vociferaba.
—¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Cómo está Berenice? ¿Cómo está mi bebé? —pregunté conteniéndome para no desmoronarme.
—No pienso darte ninguna explicación,