LUCAS MAGNANI
—Hice algo de comer, creo que un poco de sopa caliente te caería muy bien —dijo Carla alejándome de mis pensamientos catastróficos, entonces me di cuenta de sus golpes nuevos, principalmente esos dedos que tenía marcados en el cuello y cómo intentaba sonreír pese a todo.
De nuevo la lástima me embargó y me sentí miserable por ella y por mi actitud de querer hacerla a un lado. Suspiré antes de dejarme caer en la cama y negar con la cabeza.
—¿Por qué no te fuiste con la policía p