ELIOT MAGNANI
A la mañana siguiente las cosas fueron tensas durante el desayuno. Los niños estaban en silencio. Leonardo simplemente no se dignaba a verme y mucho menos a dirigirme la palabra. Era como enfrentarme a una pequeña versión de mí mismo. Sus hermanos solo contenían el aliento, sin saber qué decir o hacer para no empeorar las cosas. Incluso Luca notó la tensión en cuanto llegó y Cristine le indicó que no era momento de bromas.
—Créeme, ni siquiera tengo ganas de hablar… —dijo Luca de