Capítulo treinta y tres
Dicen que las personas con piel negra, sea más clara u oscura, no se sonrojan o ruborizan, pero en este momento, esa regla no aplica para mi adorada amiga.

Me siento, estoy cansado, es un poco más de la una de la madrugada y no he comido ni dormido muy bien.

—Creo que ese comentario sobraba, Vico —dice el medicucho, como si a mí me interesara su punto de vista.

—Estoy de acuerdo, y no solo con el comentario, también tú saldrías sobrando; pero fíjate, ahora resulta que soy yo
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