Capítulo noventa y siete
La mesa está puesta para dos, y la habitación está decorada con heliconias.

—Has perdido mi flor favorita. No irás a proponerme matrimonio, ¿verdad?

Milo me mira como si yo fuese estúpida y me siento en realidad muy mal; es que se me ocurrió de un momento a otro, todo es tan romántico y especial que me dije que iba a hacerlo.

—Acabas de divorciarte —me responde mirándome como si yo fuese una estúpida.

—Pero no era un matrimonio real, eso lo sabes, así que no veo el moti
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