—Así que no te preocupes, no estoy embarazada de ti, aunque fuiste tú el que al final me embarazaste; ya sabes, metiste el embrión y todo eso. —Empiezo a soplarme con una mano. —Hace mucho calor, ¿no? —pregunto y siento que me estoy sofocando.
—Estamos en invierno —responde escuetamente.
—Pero esto no son los Alpes —digo y él sonríe y no tengo ni idea de por qué lo hace, no he dicho nada gracioso, pero su sonrisa me pierde, debo irme. —Bueno, ya sabes que no debes seguir enviando a