Desde que sucedió eso hace una semana, no he podido dejar de pensar en el hecho de que mis pobres hijas no se merecen una madre como yo, pero me la paso tan cansada que a veces solo quiero llegar a casa y dormir, lo que evidentemente es imposible.
Milo es un amor, se ocupa muy bien de las niñas; por lo general, es él quien se levanta en las noches a darles el biberón, dormirlas y todo eso, mientras que yo caigo así como si fuese un peso muerto y ni me entero de lo que pasa.
Sin embarg