DETALLES

Cuando las guardias entraron al despacho de Umha, Safra estaba sentada en el sillón, arma en mano, con los pies sobre el escritorio, como si estuviese aburrida. Artemis, de pie  contra la pared, contemplaba absorta la situación, casi como una espectadora ajena a los hechos.

Las guardias entraron en manada, como unas 6 de un solo golpe, comandadas por una trans de complexión robusta, de casi un metro noventa, rostro serio, adusto. Esta hechó una mirada r

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