Capítulo treinta y ocho.
—Pero mira quién se ha dignado a venir.
Le muestro el dedo del medio a Loan mientras avanzo por la sala principal de la empresa. Este ríe y sacude la cabeza, teniendo unas carpetas encima de lo que antes fue mi escritorio. Ver este último hace que una parte muy pequeña de mi reconsidere la oferta de Max, pero la quito del medio enseguida. No por ahora.
—¿Que haces?
—Necesitaba unos archivos del departamento de cobranzas —explica.
Alzo una ceja.
—¿Pero no eras tú el contador acaso?—pregunto con