El paseo hasta el campus le dio tiempo para respirar. Cuando se instaló en su rincón favorito y silencioso de la biblioteca, rodeada de pilas de libros y sus apuntes de investigación, casi volvió a sentirse dueña de sí misma. Casi. Cada vez que cerraba los ojos veía unos ojos verdes, unos avellana y unos azul hielo observándola. Cada vez que se movía en la silla sentía la humedad persistente en sus bragas por el encuentro en la cocina.
Se obligó a concentrarse. Las horas pasaron en un borrón de