Aquellas simples palabras le provocaron un escalofrío que le recorrió la espalda. Lo ignoró, les dio la espalda a los tres y se puso a abrir la maleta.
La puerta se cerró con un clic detrás de ellos. Riley soltó un aliento tembloroso y se dejó caer en el borde de la cama king, apretando los muslos con fuerza. Sus bragas ya estaban húmedas. Solo por sus voces. Solo por la forma en que la habían mirado, como si ya pudieran saborearla, sentirla, poseerla. Odiaba lo mucho que su cuerpo respondía. S