El amanecer se filtraba por las ventanas de la cabaña. Liam estaba acurrucado contra mi lado izquierdo, Ethan presionado contra mi derecho, con el rostro enterrado en mi cuello y una mano descansando sobre mi pecho.
Noah yacía a mis pies, con sus ojos verdes abiertos y observándome.
No había dormido.
—Has estado despierto toda la noche —dije, con la voz ronca de sueño.
—Mirándote.
—¿Por qué?
Se quedó callado un largo momento, sus dedos trazando patrones sobre las pieles.
—Porque no confío en es