Amo su polla. Lo odio 3
—Cállate —conseguí decir, con la voz quebrada mientras la vergüenza y la excitación luchaban dentro de mí.
Mis manos fueron a su cabello, empujándolo a medias y agarrándolo a la vez.
—No quiero… ¡ah! —La protesta murió cuando su lengua dio una larga y lenta lamida desde mi entrada hasta mi clítoris.
Mi cabeza golpeó contra los azulejos, un gemido roto salió de mí antes de que pudiera contenerlo.
—Nngh… para, dije que pares —gemí, con los muslos temblando alrededor de su cabeza incluso mientras