Hablamos primero… de nada en realidad. Sus planes después del alta, mis sitios favoritos en la ciudad para comer tarde por la noche. Cuando me incliné para comprobarle el pulso, capturó mi muñeca y me atrajo hacia un beso. Lento al principio, labios separándose, nuestras lenguas encontrándose. Acunó mi rostro, luego enredó los dedos en mi coleta, soltándola hasta que mi cabello cayó en cascada.
Me aparté, jadeante. «Tenemos que tener cuidado». Pero ya estaba a horcajadas sobre su regazo, cuidan