Tracy
Me senté, esta vez más cerca. Me habló de su vida… de su exnovia que no soportaba sus largas horas de trabajo, de sus sueños de abrir su propio taller. Yo me abrí sobre el agotamiento, sobre la emoción de lo prohibido entre estas paredes estériles.
Su mano encontró la mía, acariciando mis nudillos con el pulgar.
—Mereces algo mejor que esto, Tracy. Alguien que te cuide a ti por una vez.
Mi pulso se aceleró.
—¿Y si me gusta cuidar? —pregunté.
Sus ojos se oscurecieron.
—Entonces demu