Me llevó hacia atrás hasta la cama, bajándome las bragas de un tirón rápido. Salí de ellas, dejé que me empujara sobre el colchón. Las sábanas aún olían débilmente a su colonia… limpia, joven, segura.
Daniel se acomodó entre mis muslos, besando mi cuello, mi clavícula, más abajo. Su boca encontró mi pecho a través de la tela fina del vestido, chupando suavemente. Me arqueé como se suponía que debía, enredé los dedos en su pelo. Hice los sonidos correctos… pequeños jadeos, gemidos entrecortados.