Pov Nikolái
Los gritos de Katia retumbaron en mis oídos. ¡Vaya que es terca! Después de todo lo que le hice vivir, tiene la desfachatez de aparecerse como si nada. Abril estaba frente a ella, erguida como una reina que protege su reino, con el rostro encendido de rabia pura y los ojos fijos en la intrusa.
—¡Lárgate de aquí, maldita descarada! —rugió Abril, sin darle ni un segundo de tregua—. No tienes nada que hacer en esta casa, no eres bienvenida. ¡Fuera de mi vista ahora mismo antes de que pi