Freya
Empujé la pesada puerta de roble, la madera raspando contra el suelo. Polvo y yeso cayeron del techo, cubriendo mi cabello con un fino polvo blanco. Tosí, el olor a tela quemada y hierro llenando mi nariz. El salón principal parecía un campo de batalla, con vidrios rotos esparcidos por todas partes.
Encontré a un grupo de hombres acurrucados en la esquina, sus ropas empapadas en parches oscuros. Me arrodillé junto al primero, mi bolsa golpeando el suelo con un golpe sordo. Su piel estaba