Isabella
La rejilla de hierro gimió cuando tiré de ella. Mis botas rasparon la piedra y casi me caigo, golpeando mi hombro contra la pared húmeda del túnel de servicio.
El aire allí abajo sabía a cal mojada y putrefacción, golpeando el fondo de mi garganta como un peso físico. Tragué, el movimiento fue espeso y lento, y les hice una seña a los demás para que me siguieran.
—Mantengan la cabeza baja —susurré.
Mi voz sonó delgada en la oscuridad, apenas llegando a los oídos de los cuatro hombres d