Asher
El viento en el paso de las Tres Piedras no susurraba; cortaba como un cuchillo de carnicero mal afilado. Se colaba por las rendijas de mi capa de piel de lobo gris, un recordatorio constante y mordaz de que la geografía del norte no perdonaba a los débiles, a los dubitativos ni a los que se quedaban sin opciones en el tablero.
Desde este risco elevado, oculto tras la empalizada de piedra rústica de un puesto de avanzada que alguna vez había pertenecido a las antiguas tierras de mi famili