Pedro
El invierno del norte no sabía de treguas, pero esa noche el aire poseía una claridad casi cristalina. La escarcha se había solidificado sobre las ramas de los alerces en los jardines flotantes de la fortaleza, transformando los senderos de piedra en un laberinto de espejos opacos que reflejaban la luz de una luna en cuarto creciente. Era el tipo de frío que se asentaba en los huesos de los hombres comunes, pero para los de nuestra sangre, era simplemente el recordatorio físico de los lím