En ese momento tocan la puerta, levantó la vista.
—¡Adelante! — demandó una mueca de disgusto.
—Permiso cuñado, podemos hablar, —entró una afligida Courney.
—¿Dónde está Rebeca? ¿Por qué no te anunció? —gritó con su mirada sombría.
—La vi entrar al baño, espero que no te moleste mi atrevimiento de estar aquí en tu oficina —contesto con un tono delicado.
—¿Dime que quieres?
—No sé cómo decirte esto cuñado —se aproximó a su escritorio y se sentó frente a él.
—ya que estás aquí, habla de una vez.