Cecilia, había escuchado el alboroto y salió a ver que estaba pasado, al percatarse como una mujer tenía retenida a Stefany, con su bastón en una mano aceleró el paso, al llegar a ellas se aferró al bastón y con la mano libre agarró con fuerza la muñeca de Fabiana.
—A mi niña me la respeta.
—¡Suélteme! Señora, no sé quién sea usted, pero yo soy la madre de esta malagradecida.
—Cómo puede llamarse madre a las mujeres que permiten que dañen las purezas de sus hijos.
—¿Usted no es nadie para juzg