Al día siguiente Lindsey se despertó y vio a su esposo mirándola.
—Buenos días, dormilona —pasó unos dedos por sus mejillas acariciando con delicadeza.
—Buenos días, amor —bostezó con pereza, no quería moverse de la cama.
—¿Cuánto tiempo llevas despierto?
—Un poquito.
—¿Qué haces mirándome dormida?
—Parecías un ángel durmiendo, que me quede admirando tu hermoso rostro.
—Qué bobo eres, hoy es nuestro primer año de casados.
Kyle le agarró el mentón y le dio un beso suave.
—Ahora sí puedo decirte