Lindsey levantó una ceja, se asombró por su extraño semblante que reflejaba el hombre.
—Fue un día tranquilo.
—¿Te voy a asignar un carro? —no apartó sus ojos de su presa.
—No es necesario —respondió dando marcha hacia las escaleras.
—No seas terca, eres mi esposa y no puedes andar en transporte público, indicó detrás de ella.
—Si te preocupa lo que vayan a decir de la esposa del señor Pratt, no te inquietes, todavía no se ha hecho público quién es, solo se han enterado de que estás casado —afi