Mía sintió el suelo temblar bajo sus pies. Alrededor, los guardias gritaban, corrían, caían. Algunos simplemente se desplomaban, con la vida drenada de sus cuerpos en segundos. “¡Alhena!”, llamó a gritos Mia en su mente, completamente desesperada. “¡¿Qué rayos es esto?!”, Farfulló aún en su cabeza. Pero por primera vez, no hubo respuesta. Solo silencio.
La criatura extendió una mano, y Mía sintió algo frío enroscándose alrededor de su garganta, apretándola y seguidamente levantándola del suelo.