Al día siguiente, el sótano del castillo estaba sumido en una penumbra inquietante, iluminado únicamente por las antorchas que parpadeaban en las paredes de piedra. El altar ya estaba preparado, ubicado en el centro de la estancia, parecía respirar oscuridad, su superficie lisa reflejando un brillo siniestro bajo la luz oscilante. Amelia descendía lentamente las escaleras, acompañada de Alanys, cuyos sollozos suaves rompían el silencio sepulcral a pesar de que esta no podía ni hablar. Sus pasos