La noche en Velkan era un espejismo de tranquilidad, su aparente calma era opacada por la tensión que crecía en cada rincón del reino sellado. Mia estaba en los jardines del castillo, con los pies descalzos sobre la hierba húmeda, con la mirada perdida en el cielo nocturno. Los ojos blancos de su transformación aún brillaban con intensidad, reflejando el poder que la dominaba, la energía que la mantenía en un estado en el que ni siquiera podía reconocerse a sí misma. Era su cuerpo, pero no se s