Augusto estaba más tranquilo ahora al escuchar estas palabras, aunque en el fondo sabía que ella jamás se acostaría con Alberto.
Valentina se le acercó y le rodeó el cuello con su brazo libre del cabestrillo y, él bajó hasta su boca para besarla, también le rodeó la cintura con su también brazo sin ese molesto cabestrillo.
- ¡Cuando esté en mi cama y sea completamente mi mujer, estas ropitas no se las quiero ver puestas, la quiero ver como Dios la trajo al mundo!
- ¡Eso no será posible, Dr.! -