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VALLE GEDEÓN
Ella dudó.
Es pequeño. Casi invisible. Cualquier otra persona en esta sala se lo perdería. Un suspiro se detuvo durante medio segundo de más. Un destello en sus ojos que no coincidía con el acero de su columna.
Pero no me pierdo nada.
Yo miro.
Eso es lo que hago.
Y ahora mismo, estoy viendo a Matilda Monroe parada en una habitación en la que no tiene por qué estar parada... rodeada de hombres que podrían comprar y enterrar su vida dos veces... y aun así elegir no encogerse.
Inte