SEBASTIÁN
Abrí la puerta de mi oficina y entré, esperando el familiar sonido de papeles moviéndose y la voz suave que solía recordarme todo lo que tenía que hacer. En cambio, la habitación estaba en completo silencio, y ese silencio inmediatamente me hizo sentir algo extraño en el pecho, como si hubiera entrado en un lugar donde ya habían olvidado a alguien importante.
Mis ojos recorrieron lentamente la habitación hasta posarse en el escritorio junto al mío, y me detuve en el instante en que lo