CRISTAL
Salí de la majestuosa entrada del hotel de lujo, mis tacones resonando con fuerza contra el suelo de mármol mientras me dirigía hacia la elegante camioneta negra que esperaba junto a la acera. El corazón me latía con fuerza por la adrenalina de la noche anterior, y una sensación de triunfo absoluto me invadió al abrir la pesada puerta del coche.
Mariel ya estaba al volante, agarrando el volante con una intensidad que me decía que había estado esperando este momento toda la mañana. Me mi