TERESE
Me senté en silencio al borde de la cama, mirando fijamente la prueba de embarazo que reposaba sobre mis manos temblorosas. Por más que parpadeaba o me secaba las lágrimas, el resultado seguía igual. Las dos líneas claras permanecían allí, como un cruel recordatorio de que mi vida ya no era la misma.
Bajé lentamente la prueba sobre la mesita junto a mí y me cubrí el rostro con ambas manos, pues sentía el pecho demasiado pesado. "¿Por qué me pasa esto ahora?", susurré débilmente, intentan