MARIELA
Observé a Fiona caminar de un lado a otro por el húmedo suelo de la cocina, sus botas resonando rítmicamente contra las baldosas sucias. Parecía agotada, con el rostro demacrado y pálido bajo la luz parpadeante de la única bombilla que colgaba del techo.
Acababa de regresar del sótano, y por la forma en que se mordía el labio, supe que el encuentro con Terese la había afectado más de lo que quería admitir. Dejó escapar un largo suspiro tembloroso y finalmente me miró, con la mirada nubl