FIONA
Me alejé de la pesada puerta de madera; el sonido de los sollozos desesperados de Terese aún resonaba en el estrecho y polvoriento pasillo de la vieja casa. Me temblaban ligeramente las manos mientras sujetaba la bandeja vacía, y sentía un nudo en la garganta que intentaba tragar con todas mis fuerzas.
Era difícil verla acurrucada en aquel suelo helado de cemento, tan pequeña y destrozada, suplicándome una misericordia que no me estaba permitido concederle. Por un instante, sentí compasió