FRANCINE
En cuanto entré en la casa aislada con Luis y Arturo, sentí que por fin podía respirar de nuevo, y la libertad me alivió el pecho como casi lo había olvidado. El recuerdo de aquella inmunda prisión aún persistía, pero ahora que estaba fuera, solo sentía emoción mezclada con un ardiente deseo de no volver jamás a ese lugar.
Me dejé caer en el sofá y reí, con la voz fuerte y llena de alivio, mientras miraba a Luis, que estaba de pie junto a la ventana con esa expresión segura que siempre